En éste mismo espacio, hace solo algunas horas, escribíamos con dolor y mucha impotencia sobre la cadena de desidias que rodeó la muerte del adolescente mercedeño de 16 años tras una paliza.
Las críticas, absolutamente objetivas y ratificadas, tienen hoy una respuesta coherente desde la cabeza del Ministerio de Salud Pública, cartera que muchas otras veces hizo el ‘caldo gordo’ ante hechos repudiables llevando al sistema al fiasco total.
Esta mañana, el doctor Ricardo Cardozo, confirmó que el médico de guardia del Hospital de Mercedes fue trasladado luego de no atender como corresponde al chico Lucas Bebans, que falleció tras recibir una golpiza.
"Nuestro trabajo se empaña por actitudes individuales de este tipo. Y eso no lo podemos permitir. Al médico de guardia se lo apartó y se inició la investigación sumarial. Esa no es la imagen de la salud pública", dijo.
La decisión de Cardozo tal vez no implique una respuesta directa y concreta a los familiares de Lucas. A ellos nada ni nadie les devolverá la vida del chico, pero la decisión del Ministerio marca un punto de inflexión que no debe pasarse por alto.
Y aunque suene repetida la comparación, debe uno preguntarse cómo iría a actuar el Ministerio de Salud si Dindart seguía en el puesto. Todos coincidimos en la casi obvia respuesta.
Es por eso que lo decidido bien puede observarse como la instrumentación de una nueva metodología de gestión que debe cambiar de raíz la mayoría de las cosas que se hicieron (y se hacen) dentro de la salud.
La realidad también impone aclarar que hay médicos, enfermeros y colaboradores que hacen tareas casi mesiánicas en los hospitales. Y para bien de éste gobierno, hasta son mayoría.
Pero los que cometen errores, como el médico de guardia en Mercedes, deben ser sacados del sistema. Es inevitable, para dejar de jugar con la vida de la gente.