Mujeres de hoy

Javier Sierra publica "El plan maestro": "Todo tiene un misterio detrás y es la necesidad de resolver el misterio lo que ha hecho que avancemos"

Confiesa Javier Sierra que es de los que se agenda una tarde en el Museo del Prado para sentarse frente a un cuadro en concreto y dedicarle tiempo. También que, a veces, ejerce él mismo de "el maestro del Prado" para contar a los más jóvenes todos los secretos que puede esconder alguna obra de arte. Su objetivo siempre es el mismo: despertar la curiosidad de aquellos que le escuchan y leen.

El gran maestro del misterio vuelve estos días a las librerías con "El plan maestro", una nueva novela que explora la importancia del arte como motor de la civilización. Un viaje que comienza con las pinturas ruprestres y nos lleva hasta las salas del Prado, el Louvre o los Uffizi. Un verdadero deleite para sus más fieles seguidores.

"El Museo del Prado no es una pinacoteca, sino una biblioteca colosal"

¿Cuánto de verdad hay en el personaje misterioso de "El maestro del Prado" y de "El plan maestro" que explica todos los misterios tras las obras de arte?
Ese personaje existió realmente. Yo tuve ese encuentro, ese tropiezo, a los 19 años, en las circunstancias en las que lo cuento en el libro. Lo que ya es literatura es lo que hago con ese encuentro. En realidad lo que estoy haciendo es recurrir a un arquetipo que está en toda la historia de la civilización, y es que todas las culturas antiguas tienen en algún momento un relato de un maestro que llega, no se sabe muy bien de dónde, que les enseña cosas que son fundamentales para levantar una cultura y después desaparece, generando la leyenda de que un día volverá.
¿De dónde crees que vienen esos personajes misteriosos?
Los hay que piensan que esos maestros son parte de una civilización anterior de la que no tenemos memoria y quedaron unos pocos supervivientes. Otros que hablan de extraterrestres, que es mucho más improbable. Otros que hablan simplemente de un constructo intelectual para darle peso a su propia cultura. Quédate con la opción que más te convenza, yo tengo mi favorita.
¿A ti quién te enseñó a mirar las obras de arte de esa manera?
Creo que, por un lado, he sido muy autodidacta, pero tuve la suerte, como tienen muchos españoles, de haber nacido en una ciudad rodeada de patrimonio, Teruel. Desde pequeño, fui además un niño muy curioso que no dejaba de preguntar. Cuando llegué al bachillerato, elegí Historia del Arte como asignatura voluntaria. Y tuve un profesor que me enseñó a asomarme un poquito más al arte. Lo primero que descubres es la belleza. Pero cuando descubres que en realidad cada cuadro del Museo del Prado es un libro, y que el Museo del Prado no es una pinacoteca, sino una biblioteca colosal, acudes a su salas con otro espíritu. Acudes sentarte delante de uno de esos cuadros y a esperar a que te cuenten su historia.
El problema es que a los cuadros nadie les dedica el tiempo que merecen.
Claro, a través de la literatura yo sé que estoy tendiéndole una trampa maravillosa al lector. El lector, para leerme, me va a conceder su tiempo, que es algo que probablemente no hace o no ha hecho nunca con una obra de arte. Y a raíz de la lectura estoy seguro de que va a cambiar esa actitud y va a entrar al museo con otros ojos.
De todos los cuadros de los que hablas en el libro, ¿cuál es tu favorito?
El artista que me sigue resultando muy evocador es El Bosco, sobre todo, "El jardín de las delicias". Cada vez que lo admiras, descubres una cosa nueva y de repente yo ahí comprendo la fascinación que tenía Dalí, por ejemplo, por El Bosco. Él no veía lo evidente, sino lo sugerido. Me encanta esa capacidad especular donde uno termina no viendo lo que hay, sino viendo lo que está dentro de la cabeza del que lo contempla.

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Fuente:https://www.telva.com/cultura/2025/02/27/67bf32df02136efd818b45ff.html

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