Mujeres de hoy

Pedro Piqueras: "Siempre llega ese momento vital en el que uno debe apartarse de 'las urgencias de la vida' y pensar en sí mismo""

Durante más de treinta años, Pedro Piqueras (Albacete, 1955) ha sido una de las voces más reconocibles del periodismo televisivo en España. Su presencia en el informativo de la noche ha acompañado a generaciones, narrando con rigor y templanza los momentos clave de la historia reciente. Ahora, lejos del vértigo del directo, publica Cuando ya nada es urgente (HarperCollins), un libro en el que repasa su carrera, su vida y reflexiona sobre el estado de la información y reivindica la importancia de la pausa en un mundo obsesionado con la inmediatez. En esta conversación, el periodista se sincera sobre el oficio, la crispación mediática y el aprendizaje más difícil de todos: el arte de despedirse.

"Creo que, en el fondo, el libro es una especie de enseñanza, en el sentido de que hay cosas que merecen mucho la pena"

Le dedicas este libro a tu padre. Hablas mucho de él y de lo orgulloso que estaba de ti.
Si, se lo dedico a mi padre seguramente porque uno al final tiene mala conciencia, ¿no? De no haber estado tanto tiempo con él, que además fue una persona que confió mucho en mí siempre y me quería mucho. Es una persona que desde que murió, pienso mucho en él y pienso que se merecía más. Realmente es un homenaje a él, parte del libro o casi todo, sí.
Algo te quedó de verle leer tanto periódico...
Sí, sí, pero no fue que me animara con eso, no. Lo que pasa es que sí que es verdad que al hacerme leer en voz alta noticias para él, que yo creo que lo utilizaba para dormirse un poquito, a mí me ayudó a aprender a leer en voz alta, eso sí que es verdad, pero en ese momento yo no pensaba en hacer periodismo. Pero sí que después, cuando fui a trabajar al periódico Pueblo, recordaba que era el que leía mi padre en casa y el que traía.
Pero cuentas que lo que él quería es que hicieras unas oposiciones.
Sí, bueno, pero ten en cuenta una cosa, que las oposiciones siempre son muy deseadas por los padres porque les gusta que los hijos tengamos algo seguro, ¿no? Y a él le gustaba que yo hiciera una oposición para un banco. En principio para botones ¡pero no aprobé!
¿Qué te pasó, si en el colegio dices que eras un empollón?
¡Es cierto! Simplemente, fíjate, no tenía muchas ganas de hacerlo, la verdad y me ganó alguien que quería ganar. Y la cosa es tan simple como esa, al final ganó la oposición quien se lo merecía, quien tenía el banco como un objetivo. Además, me acuerdo de él perfectamente, Isidro. Porque iba al mismo colegio que yo y éramos dos aspirantes para una misma plaza y su padre era ordenanza de ese banco. Bueno, pues me ganó y me ganó de buena ley, o sea, mi examen fue fatídico. La vida es así, ¿no?
Es que te esperaba otro futuro... ¿Cómo valoras ahora tu trayectoria en la televisión?
Han sido 35 años en la televisión y he tenido momentos mejores y momentos peores y se aprende mucho más de los momentos peores. Viví una época buena porque en el informativo de Telecinco nos iba muy bien. Han sido unos años buenos, con un equipo estupendo de periodistas, de cámaras, de editores... Con unos directores maravillosos y con una empresa en la que te dejaban hacer. Eso sí que es importante. Yo tuve la ventaja que es una empresa que pensaba en hacer una televisión de acompañamiento y entonces, no estaban tan pendientes del contenido de los informativos. Yo creo que ayudaban bastante a la hora de parar a quienes de otros puntos querían influir. Siempre hay quien quiere influir en los informativos, eso es inevitable porque todo el mundo quiere salir en televisión y cuanto mejor puedan, mejor para ellos. Mis años en televisión han sido un periodo muy bonito, muy bonito pero los fracasos, para mí son como medallas, la verdad.
¿Y cuándo decidiste dejar la televisión? ¿Fue paulatino?
Fue esa sensación de decir, bueno, hay que saber irse de los sitios, pero fue un proceso de mucho tiempo. Hay un momento en que ya te pesa mucho, sobre todo, el llegar por la mañana a mediodía, a las once y media o doce, y llegar a tu casa a las once de la noche, durante muchos años. Al final, te vas preguntando si eso es lo que quieres para un futuro, sobre todo porque no sabemos lo que vamos a durar en la vida, ¿no? Ya tenía colmadas mis aspiraciones, no pretendía seguir toda la vida haciendo lo mismo. Hubo un momento que a mí me pesaba, me pesaba sobre todo porque había muchas cosas que no hacía, y que quería hacer y eso sí que lo cuento claramente.
¿Qué querías transmitir con el libro?
Yo creo que, en el fondo, el libro es una especie de enseñanza, en el sentido de que hay cosas que merecen la pena, y a veces, por un modo de entender la relación con la vida a través del trabajo, no cumplimos con esas otras cosas, que nos harían felices, porque este trabajo es muy absorbente.
No todo el mundo sabe irse a tiempo, mira a Trump.
Bueno, pero Donald Trump, su ambición está en hacer lo que está haciendo, ¿no? Mi ambición no era esa, mi ambición, desde hace cuatro años, era poder hacer lo que hace cualquier persona por la tarde: ir al cine, al teatro, leer, ya con 51 años seguidos trabajando es lo que apetece, lo cual no quiere decir que yo me vaya a quedar parado. He estado escribiendo, doy clases, conferencias... Creo que eso de la eterna permanencia en un sitio es un error. Hubo un momento que sabía que debía cambiar. No pude hacerlo cuando lo pensaba, porque entonces estalló el COVID, y mi deber moral estaba en seguir haciendo informativos. Luego vino la guerra de Ucrania y tampoco puede decir que me iba y entonces me marqué un tiempo.

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Fuente:https://www.telva.com/cultura/2025/04/03/67ee3bde02136e31648b459d.html

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