Ayer escribíamos sobre la imposibilidad de pedir un sistema de seguridad acorde a los tiempos que vivimos, por la sencilla razón de la falta de políticas de estado en la materia.
La cuestión se analizó teniendo en cuenta la creciente ola de casos de justicia por mano propia en nuestras propias calles, lo cual derivó en la pregunta lógica de cómo y porqué dudamos sobre una implementación exitosa de un plan policial en el contexto de un gobierno con escasas (o nulas) intenciones de responder a las demandas sociales.
Casi como casualidad surgió un informe que termina por ratificar con números lo que decimos. Y eso sin siquiera tener una respuesta en materia judicial por los casos en cuestión.
Los sueldos de los uniformados correntinos son una muestra de la absoluta incoherencia, y nos da elementos para refutar la propaganda que muestra más camionetas y armas, pero que ignora el material humano fundamental y esencial.
Un suboficial mayor de la Policía de Corrientes cobra unos $12.262. Un cabo, tiene un sueldo de $8.844,
mientras que un cabo primero $8.995. Estos dos últimos rangos conforman el grueso de la policía de la provincia. La mayoría de los salarios están cerca de la indigencia.
La gravedad del tema es que esa política económica implementada por el Gobierno de Colombi, fomentó una Policía pobre, y no solo en la figura de bolsillos enflaquecidos, sino en la locura de buscar alguna salida alternativa que termina por debilitar los cuerpos de efectivos, además de tirar al peor de los niveles la necesaria vocación para servir aún en el riesgo de perder la vida.
El límite de la Canasta Básica Alimentaria, fue calculado en $5.175; donde se observa que los salarios de los suboficiales policiales solo estarían $2.500 por encima de ese monto.
La lamentable realidad es que Corrientes tiene los policías más pobres de la Argentina.
¿Cómo vamos a pedir que nos cuiden como se debe?.