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Internacionales

Las opciones de la UE para contrarrestar las tasas de Trump

Siempre se ha dicho que la Unión Europea era un gigante comercial, pero un enano militar. Lo segundo se ha puesto de manifiesto con su limitada capacidad de reacción ante la invasión rusa de Ucrania. La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump , de imponer aranceles generalizados va a poner a prueba su capacidad de respuesta en el terreno económico, aunque sea en una confrontación con el que ha sido su principal aliado en las últimas décadas.Lo primero que recomiendan todos los expertos es mantener la unidad, a pesar de las tentaciones que aparecerán en algunos países para tratar de pactar una «paz separada» con Washington . El comercio exterior e interior (el mercado único) son competencia exclusiva de la Comisión Europea y cualquier grieta provocada por un egoísmo nacionalista sería aprovechada por la Administración Trump , cuyo desprecio al concepto mismo de la UE es público y notorio.«No saldremos de esta situación siendo amables o encantadores. Debemos demostrar que Europa puede hacerle frente aprovechando nuestra potencia económica, especialmente en materia de comercio», recordaba estos días Marco Buti, ex director general de Asuntos Económicos de la Comisión y jefe de gabinete del anterior comisario, Paolo Gentiloni. «Es importante que estemos orgullosos de lo que somos y que actuemos en consecuencia: no creo que ningún Estado miembro pueda influir en la Administración Trump . Además, los mediadores son importantes cuando hablan en nombre de la Unión, no cuando lo hacen en nombre de su interés nacional».Noticia Relacionada estandar Si La UE aboga por negociar pero Macron llama a dejar de invertir en EE.UU. Enrique Serbeto | Corresponsal en Bruselas Von der Leyen promete «dar la cara por Europa» y ultima las medidas de represalia mientras trata de que todos los países compartan la estrategiaPara empezar, los expertos de la Comisión están diseñando la respuesta con «todos los recursos sobre la mesa». Estos van desde la Ley Anticoerción, un instrumento que en realidad fue diseñado como medida disuasoria, no tanto para usarlo, y que además estaba pensada para desalentar a China, hasta no hacer nada y tratar de negociar rebajas en ciertos sectores. Entre estos dos extremos, el principio que rige ahora mismo en estos trabajos es, según fuentes europeas, «sobre todo no hacernos daño a nosotros mismos» en las medidas de respuesta.Contra el proteccionismoPolíticamente, el primer problema sería que para la UE es muy difícil levantar la bandera del proteccionismo cuando su mera existencia se funda precisamente en la apertura y la integración de los mercados. Hace una década, la UE y EE.UU. estaban negociando -no sin dificultades- un tratado de libre comercio que habría comprendido la mitad de los intercambios mundiales, pero en el primer periodo de Trump fue abandonado por la propia Comisión, casi con alivio.Sin embargo, por lo que respecta a la apertura de los mercados, ahora mismo la UE tiene acuerdos comerciales con 76 países y sigue buscando «socios fiables en todo el mundo». Recientemente se han celebrado cumbres formales con la India o con los países de Asia central, dentro de esta política de expansión comercial. Sin embargo, desde la Comisión también recuerdan que todos esos países que también tienen trato preferente con Bruselas van a intentar desviar hacia la UE los excedentes que dejarán de vender en el mercado norteamericano precisamente por los aranceles, lo que tampoco es deseable.Hacer daño donde dueleUna respuesta como la de China, es decir, responder a Trump con otra brusca subida horizontal de aranceles, parece poco probable. Pekín podría tratar de coordinarse con la UE en este camino para tratar de cerrar una pinza sobre EE.UU., pero no es recomendable para Bruselas mostrarse demasiado cercana al gigante asiático. El motivo: China es la mayor preocupación estratégica para los americanos y, en parte, para los europeos, al menos mientras actúe como el principal apoyo de Rusia. Por el contrario, los estadounidenses esperan que se produzca una cascada de pequeños acuerdos con distintos países que irán depositando sus concesiones a los pies del inquilino de la Casa Blanca, lo que puede sembrar la impresión de que la UE se va quedando sola.Entre un extremo y otro, lo más probable es que la Comisión irá diseñando una batería de medidas dirigidas a blancos específicos, como ya ha hecho en la respuesta a los aranceles al acero y el aluminio. Para ello, hay que buscar productos que se puedan comprar en otros mercados alternativos y fórmulas que no causen problemas añadidos a las empresas europeas, y que, además, concentren su impacto en sectores y territorios que forman parte de la constelación de apoyos directos a Trump.La Ley Antocoerción permite además tomar otro tipo de medidas que no sean estrictamente arancelarias, aunque no se han llegado a probar jamás porque se trataba precisamente de un instrumento de disuasión como las bombas nucleares.Y queda otro elemento de potencia similar. Por ahora, Bruselas hace todos los esfuerzos posibles e imposibles por mantener alejado de este debate arancelario el explosivo dosier de la Ley de Servicios Digitales (DSA, en inglés) y los expedientes abiertos a dos de los gigantes tecnológicos norteamericanos, X y Meta, además de a la china TikTok , por no haber controlado el uso malicioso de sus redes sociales. La ley europea podría desembocar en una multa gigantesca contra estas dos empresas, que son además las que equilibran la balanza comercial entre las dos orillas del Atlántico con sus enormes beneficios en Europa. Esto provocaría sin duda una reacción imprevisible de Trump, que considera la DSA como un simple mecanismo antidemocrático de censura.Para Buti, «la peor de las respuestas es la que se queda a medio camino: Trump la contrarrestaría fácilmente. Una respuesta firme y proporcionada, como anunció la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, es la única opción real. Si muestra unidad y determinación, la UE tiene excelentes cartas que jugar y EE.UU. no es tan fuerte como quiere hacernos creer».

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