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Internacionales

Mark Burnett: «Yo hice a Donald Trump»

Algunos creen que Donald Trump no se hubiera presentado a la Casa Blanca de Estados Unidos si Barack Obama no le hubiera humillado con retranca y no se hubiera reído de sus aspiraciones presidenciales en la tradicional cena de corresponsales de 2011. El propio Trump dijo poco después de ganar su primera elección en 2016 que no hubiera sido candidato de haber alcanzado su viejo sueño de comprar un equipo de la NFL, los legendarios Bills de Búfalo, en 2014 (como en tantas otras operaciones empresariales, salió derrotado). También es muy probable que no hubiera tratado de ser presidente si hubiera conseguido la mitad del éxito empresarial que pretendía tener.Noticia Relacionada estandar Si Dolor y pánico en Wall Street: «He envejecido en unas horas más que en diez años» Javier Ansorena | Corresponsal en Nueva York Las medidas arancelarias de Trump provocan fuertes caídas en los mercados de todo el mundo. Los inversores de Nueva York pelean para amortiguar el impactoLa curva de la historia que hubiera alejado a Trump de Washington es una divagación melancólica para algunos en EE.UU. Lo que es difícil de discutir es que el multimillonario neoyorquino hubiera llegado a la Casa Blanca sin \'The Apprentice\', el popular \'reality\' que protagonizó desde 2004 hasta su desembarco en política.Sin \'The Apprentice\' significa sin Mark Burnett, su creador. Y, forjador, con intención o sin ella, del mito sin el que Trump no se hubiera convertido en el fenómeno político más grande de la historia contemporánea de Norteamérica.Cuando en junio de 2015 Trump bajó las escaleras doradas de la torre que lleva su nombre en Manhattan y anunció que se presentaba a la presidencia del país, en el imaginario de EE.UU. era un multimillonario de riqueza ilimitada, un as de las finanzas, un empresario infalible y un negociador que siempre gana. De aquel día se recuerdan siempre los insultos xenófobos que dedicó a los inmigrantes mexicanos, la primera de muchas salidas de tono con las que concentró la atención mediática en las primarias republicanas. Pero también dijo que solo alguien «realmente rico» sería capaz de «coger la marca de Estados Unidos y hacerla grande otra vez». Ese era el personaje de \'The Apprentice\', no la persona. Porque la realidad era muy distinta.La transformaciónQuien de verdad era exitoso cuando arrancó \'The Apprentice\' era Burnett, su creador. Acababa de arrasar en la televisión estadounidense con la adaptación de \'Supervivientes\', el \'reality\' que convierte a los concursantes en trasuntos de Robinson Crusoe, que compiten por resistir en playas y junglas deshabitadas. Durante una grabación en Brasil, tuvo una idea: \'¿Y si la jungla fuera de cemento? ¿y si lo que hay que sobrevivir es al mundo corporativo de Nueva York?\'. Imaginó un \'reality\' entre concursantes que pelean por conseguir un empleo en una empresa de éxito. La pieza central del programa sería un multimillonario de altos vuelos. Sería, a la vez, conductor del programa, mentor y juez. Varios magnates y CEO a los que Burnett se acercó rechazaron la idea. Trump dijo que sí. Lo que podía ser una decisión arriesgada para cualquier hombre de negocios –exponerse en un \'reality\'– era una oportunidad para Trump. En aquella época, a comienzos de este siglo, estaba en horas bajas. No era la joven sensación que se subió a lo más alto del negocio del ladrillo de Manhattan con grandes proyectos como la Torre Trump. La amenaza de bancarrota de sus casinos en New Jersey, una operación desastrosa que le puso al borde de la ruina una década atrás, volvía a aparecer. Sus aventuras empresariales –desde aerolíneas hasta agua embotellada– fracasaban. Otros grandes proyectos, como una torre en Chicago, estaban parados. Y, en la opinión pública, se había quedado en poco más que un personaje de tabloide sensacionalista, de esos que se ojeaban en la cola de la parafarmacia. Allí se ventilaban sus amoríos y sus bravatas.Cuentan los autores de \'Lucky Loser\' (\'algo así como \'Perdedor con suerte\'), un libro que narra aquellos años de la transformación de Trump a través de la televisión, que los productores de \'The Apprentice\' se encontraron un panorama desolador en las oficinas de la Torre Trump la primera vez que acudieron para preparar allí los rodajes. Menos de un centenar de empleados en lo que se iba a vender como un imperio empresarial. El mobiliario desgastado. La decoración de otra época. El olor a moho de las alfombras.Burnett revolucionó la televisión con éxitos mundiales como \'Supervivientes\', \'The Voice\' y \'Shark Tank\', entre otrosBurnett hizo un ejercicio de ilusionismo televisivo y, a golpe de encuadre dramático y plató lujoso, cambió la imagen de Trump. Lo que él siempre dijo ser –«el mejor, el más grande, el más listo, el más exitoso, el más ambicioso, el más rico»– era lo que mostraba el programa.«Tenemos que creernos nuestros propios mitos», contó una vez a \'New Yorker\' Bill Pruitt, uno de los productores que vio con incredulidad el estado de aquellas oficinas mustias y el resultado en la pantalla. «Mark Burnett es un gran creador de mitos. Hinchó ese globo y se lo creyó».«Insignificante»«Mi nombre es Donald Trump , y soy el mayor promotor inmobiliario de Nueva York», decía el protagonista del \'reality\' en la introducción del programa, metido en una limusina. Era la primera frase, y la primera falsedad (en una cena en Nueva York unas semanas antes de las elecciones presidenciales de 2016, un alto ejecutivo del ladrillo neoyorquino decía con irritación a este periódico que Trump era «insignificante» en su sector, pese a la imagen que se había proyectado de él).El productor Mark Burnett posa tras recibir una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood afp Un \'reality\' en la Casa Blanca El legado de Mark Burnett no solo ha sido crear el trampolín desde el que Trump saltó a la presidencia de EE.UU. La década como estrella de los \'realities\' también le sirvió a Trump para entender qué mensajes funcionan, cuáles son populares, cómo acaparan la atención. Con esa experiencia, Trump ha sabido convertir la política en un \'reality\': siempre comandando la atención, seduciendo a los medios y a las redes sociales, con la tensión permanente, en un ciclo continuo de drama y desenlace. Su segundo mandato es una versión acentuada de esto: aparece sin parar delante de las cámaras, coloca mensajes en cada aparición, tiene al mundo en vilo pendiente del próximo titular. En lugar de una sala de reuniones de la Torre Trump, es en el Despacho Oval. Con la diferencia evidente de que ahora hay mucho más en juego que subir en las audiencias o ganar un concurso.En esa misma introducción, Trump alardeaba de sus aviones –su aerolínea fracasó–, de sus campos de golf –entonces apenas daban beneficio–, de sus casinos –al borde de la bancarrota –. «No siempre fue fácil. Hace como trece años estaba en verdaderos problemas», decía Trump en esa presentación, en alusión a esa operación con los casinos. «Pero luché y gané, a lo grande. Ahora mi compañía es más grande y más fuerte que nunca», añadía en otra exageración.El producto creado por Burnett fue un gran éxito. Se emitió hasta que Trump entró en política. Ganó premios \'Emmy\' y despuntó en las audiencias, sobre todo en sus primeras temporadas. Trump resultó ser un conductor imprevisible, pero con gran conexión con el público, que disfrutaba de sus ataques a los concursantes, de sus decisiones arbitrarias. \'The Apprentice\' se convirtió en una gran plataforma para que tanto la cadena –la NBC–, como Trump y Burnett se llenaran los bolsillos con acuerdos de patrocinio con las marcas. Fue el renacimiento de un personaje que estaba hecho mucho más para la comunicación que para la gestión, como no ha dejado de demostrar desde entonces. Su «you are fired!» («¡estás despedido!») hizo fortuna como expresión popular y todavía hoy Trump hace referencia a ella cuando tritura a altos cargos.Un buscavidasBuena parte del mérito la tiene alguien que estaba en las antípodas de Trump, que siempre olvida mencionar la fortuna que recibió de su padre para empezar sus grandes proyectos inmobiliarios. Burnett, de 64 años, es un producto de la clase trabajadora del este de Londres, hijo de currantes. Un buscavidas que fue paracaidista en el Ejército británico antes de acabar en Los Ángeles y trabajar como chófer y niñero de familias acomodadas. Con una ambición tremenda, se convirtió en el \'rey Midas\' de los \'realities\'. Tras \'Supervivientes\' y \'The Apprentice\', ha creado otros grandes éxitos como \'Shark Tank\' o \'The Voice\'.Pero nada ha tenido el impacto de la transformación que imprimió a Trump. Su protagonista pasó a ser \'The Donald\', como se referían a él con cierto sarcasmo los tabloides, a \'Mr. Trump\', como le hablaban con reverencia los concursantes. «Nuestro trabajo era darle legitimidad, hacerle parecer como que había algo detrás de esa imagen», explicó a \'The New York Times\' Jonathon Braun, otro de los productores que trabajó para Burnett. «Aunque todos sabíamos que no había nada».«Donald no hubiese sido presidente de no ser por ese programa», aseguró Katherine Walker, otra de las productoras. «\'The Apprentice\' fue el gran factor que colocó a Trump en el foco», ha defendido Tony Schwartz, el \'negro\' que escribió el libro más famoso de Trump, \'The Art of the Deal\' (\'El arte del trato\'), su otra gran operación de imagen.Burnett nunca ha querido hablar de la carrera política de Trump, ni del impacto que tuvo su creación en ella. Se ha mantenido siempre leal a su compañero de aventura televisiva. Uno de los hijos del británico llevó los anillos en la boda de Trump con su actual esposa, Melania. Tras su victoria electoral del pasado noviembre, Trump distinguió a Burnett con un cargo diplomático: enviado especial a Reino Unido. Era una admisión rara para el presidente de EE.UU.; quizá no todo el mérito fue suyo.

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