

Por Daniel Caran
Ya no hay sector de la economía que no esté afectado por la crisis económico-financiera que golpea al país, y de a poco cada uno de los mismos empieza a determinar los duros números de una realidad que ya nadie puede (ni debe) desestimar.
En los últimos tiempos, mucho más allá de los modelos de gestión que los impulsa o apoya, los mercados populares se convirtieron en la más clara opción para los golpeados bolsillos de los correntinos. Allí se consiguen (hasta ahora) productos de muy buena calidad a precios mucho más bajos que en el comercio común, lo que les otorgó un apoyo y acompañamiento social permanente.
Pero, en los últimos tiempos, empezó a preocupar la notable disminución en las ventas, situación que no se daba desde hace años.
"La gente está consumiendo mucho menos. Antes venían y llevaban para toda la semana, y ahora las compras son para el día", alertó Edgardo, uno de los puesteros.
“La calle en general nos muestra eso. La gente está consumiendo mucho menos, consume el día a día, tiempo atrás venía y se proveía para la semana, hoy vemos gente que vimos en una plaza, y en otra, buscando ofertas, buscando lo que está barato. Pero cada vez vienen menos. Todos los días ponemos nuevas ofertas, y los precios no son excesivos, pero el consumo bajó notablemente", insistió el vendedor.
Esta es una muestra más que contundente, que se observa a simple vista, y en un mapeo económico ligero que engloba el primer eslabón de la cadena económica: la mesa familiar.
Si a éstos datos uno le suma lo que le sucede al comerciante común, instalado (por caso) sobre Peatonal Junín, pagando siderales costos en el alquiler, los indicios son contundentes.
Aumento de familias que recurren a comedores barriales, más gente que busca comida entre la basura, mucha más personas durmiendo en la calle. Imágenes, miradas, una foto del hoy que no puede negar ni el más fanático defensor del modelo político que promueve y lleva adelante Macri.
Se insiste: no pasa por una cuestión ideológica. Para estas cosas hay un fundamento esencial que solo puede negar la insensatez: el hambre.