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Opinión del Director

Calles de nadie

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Crédito: 32510
Daniel Caran

Por Daniel Caran

La creciente ola de casos de justicia por mano propia a nivel nacional plantea un interrogante primario y absolutamente obvio: ¿hay un aumento en la psicosis de la gente que actúa de esa manera o la ineficacia del estado en la cuestión predispone a que sucedan esos hechos?

 

La pregunta quedará sin respuestas aun cuando todos quienes se sienten con la autoridad intelectual para opinar lo hagan, ya que el drama instalado impulsa a tomar posicionamientos más allá de las ideologías.

 

Y si bien existen planteos legales que bien pueden buscar y dar explicaciones, éste problema tiene su inicio en dos expresiones sociales: la intolerancia y la ineficacia estatal.

 

En Corrientes durante la semana que pasó sucedieron varios hechos con ciudadanos comunes involucrados en situaciones delictivas. Y por poco en alguna de ellas pudo haber habido un final absolutamente indeseado.

 

La situación local obliga a retomar el análisis ya realizado desde hace tiempo, cuando decíamos e insistíamos que la seguridad no se resuelve solamente llenando las calles con policías y camionetas bien ploteadas con colores del Gobierno.

 

El peligro latente de un descontrol social nos lleva más allá: son cada vez más evidentes las muestras de aceptación de la gente a la denominada ‘mano dura’ o justicia por mano propia.

 

En  ese far west cotidiano en el que estamos metidos empieza entonces a primar la irracionalidad: tampoco es la salida defender las cosas a los tiros.

 

¿Y entonces?

Está claro que el problema pasa por no tener un estado que actúe de manera preventiva, y con acciones concretas.

 

Corrientes ya no es el centro y algunos barrios peligrosos. Acá se sabe perfectamente los lugares ‘calientes’, y eso no es lo extraño o raro. Sí preocupa y mucho que el delito empiece a gestarse en los lugares menos pensados, de manera sorpresiva, y con acciones cada vez más violentas.

 

Defender el ‘diente por diente’ es volver a era de las cavernas. No se puede andar a los tiros pero tampoco podemos dejar que nos sigan invadiendo los delincuentes.

 

Los años de dejadez están haciendo lo suyo. Y si no hay una política clara, lamentablemente seguirán ganando espacios.

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