Por Daniel Caran
Las peleas, de acuerdo a escenarios y contrincantes, pueden hasta ser necesarias. Tal vez lo sean desde la propia necesidad primaria de supervivencia. O tal vez desde una contienda deportiva, aunque con bemoles siempre discutibles.
Las peleas políticas, por cansina insistencia, son insostenibles desde todo punto de vista.
Ahora bien, ¿se puede convivir con quienes asimilan a la lucha verbal como instrumento de poder, de permanencia, de sostenida acción en contra de otro u otros?.
“Todos los dirigentes políticos tenemos que tratar de pacificar los espíritus. Hay que dejar la confrontación, comenzar a mirarnos como hermanos, comenzar a resolver los problemas de la gente que más necesita, y no lo vamos a hacer en un clima de revuelta permanente. Es imposible gobernar pegándose todo el día”, escribió, en su muro de Facebook, un reconocido político correntino, con marcado protagonismo en la vida institucional local.
Sin dar nombre, y relacionando directamente con los hechos, no es descabellado que el escrito tenga un destinatario exclusivo, alguien siempre afín a la pelea, a la confrontación, a la división: Ricardo Colombi.
Y quien firma tal frase, con absoluta coherencia y coincidiendo plenamente con quien esto escribe, es el presidente de la Cámara de Diputados de la Provincia, Pedro Cassani, uno de los socios políticos más importantes del beligerante primer mandatario.
¿Le llegará el mensaje al mercedeño?
Uno no tiene la intencionalidad de ensañarse con él, ni mucho menos. Pero en los últimos tiempos son constantes y seguidas sus apariciones y apreciaciones llenas de enojo y rabia.
“Si no quieren seguir trabajando, que se vayan”, les dijo a los médicos de la Salud Pública.
“Que sigan reclamando si quieren, no tienen razón”, les espetó a los policías retirados.
Y ni hablar de sus roces con Fabián Ríos: “que pague”… “es un mentiroso”… “no cumplió”.
Es su característica, parte de su esencia.
Cuesta entender cómo entonces Cassani, que coherentemente plantea la necesidad de la plena convivencia política, puede convivir en el mismo espacio con un peleador consuetudinario.