

Por Daniel Caran
Unos pocos medios no disciplinados por la batuta de Mayo y Salta (o las pautas, para decirlo claramente) se animaron a exponer la gravedad de la situación policial en Corrientes, donde empezaron a conocerse las derivaciones formales que tiene la protesta del sector, que hasta terminó con una manifestación frente a Casa de Gobierno y Jefatura.
Las sanciones disciplinarias empezaron a aparecer, y según versiones sin confirmar, hasta se produjeron bajas debido a la rebeldía de algunos agentes que realizaron retenciones de servicios o participaron de la marcha.
Además, sancionaron a toda la guardia de la Comisaría de San Cosme, que habría empezado una especie de amotinamiento en horas de la noche del martes, cuando muchos buscaron esconder lo que pasaba.
El camino más corto elegido por el Gobierno puede terminar en derivaciones impredecibles, en la pelea evitable de pobres contra pobres, que ya tuvo su escenario real y concreto en la represión policial a manifestantes del FOB en el acceso al puente.
Y no todo quedaría en eso: también se prevé traslados, suspensiones y sumarios administrativos, lo que genera aún mayor descontento entre los integrantes de la fuerza.
El drama que se instaló en la familia policial, se insiste, puede derivar en cuestiones más graves: un policía con bronca (sin desmerecer la profesión ni a las personas) puede tomar decisiones drásticas de límites insospechables.
Además ya se dijo: ¿será ésta misma Policía que pegó y maltrató a manifestantes sociales, la que actuará en caso de tener que parar una marcha de sus propios camaradas?.
La generación constante de odio presupone un escenario complejo, donde algunos ya se relamen para sacar provecho de la crisis. Efectos del descontrol… del peligroso descontrol.