

Por Daniel Caran
“A aquellos que dijeron que politicé el tema les pido que ayuden que no sean idiotas y que la oposición no quiera sacar rédito político, que nos ayuden. Yo quise visibilizar el tema y me pasó esto”, dijo, muy conmovido, el Intendente de Santa Lucía, José Tata Sananez, al comentar algunos detalles del robo en el edificio municipal.
A mano armada, se llevaron al menos 170 mil pesos que estaban destinados al pago del personal no bancarizado.
La “casualidad” no es sinónimo de previsibilidad. Y menos de sensatez.
Y en el caldeado mundo político de Corrientes, ya hay que sospechar de todo… y de todos.
Sananez, con su particular forma de ser, viene denunciando una incontrolable ola de inseguridad en su pueblo. Desde que asumió planteó una dura y desigual lucha contra el hampa, en una zona con particulares condiciones, por la cantidad de productores extranjeros que manejan dinero por fuera del sistema bancario.
¿Alguien puede enrostrarle a Sananez (más allá de cualquier posicionamiento político) que su postura contra la delincuencia es ilógica o incoherente?.
Está claro que no.
Ni tampoco se puede negar que, con casual injerencia, su pelea con el jefe regional de policía (comisario Héctor Montiel) le terminó originando un impensado dolor de cabeza.
Hasta Colombi lo tildó de “desequilibrado”, cuando el santaluceño puso el grito en el cielo por la ola de robos.
Vale decirlo: en medio de la desfachatez casi total, bien vale destacar el accionar del Ministro de Seguridad Horacio Ortega, quien no solo se acercó para interiorizarse del tema sino que además hasta se comprometió con Sananez a brindarle las respuestas necesarias. Y éste último lo destaca siempre.
¿Y entonces?. ¿Sigue siendo más poderoso un comisario fuertemente enfrentado con un intendente?... ¿o no se tomaron medidas teniendo en cuenta que Sananez es uno de los más fuertes opositores a Ricardo Colombi?
Esto último sería una peligrosa casualidad. Muy peligrosa.