

Por Daniel Caran
Impertérrito, escuchó el mensaje del Arzobispo de Corrientes con más respeto que otra cosa. Ricardo Colombi, lo decimos siempre, es un animal político de raza y jamás va a esbozar una mínima crítica contra la Iglesia. Menos en Corrientes… Menos en Capital, y menos ante Stanovnik, directo emisario del Jefe Máximo de la Iglesia de Pedro en Roma.
Pero seguramente entre los suyos, chocolate del 25 mediante, habrá expresado su bronca evidente y manifiesta en su rostro, que denotaba “aguante”, más que cualquier otra cosa.
Todo lo que diga, haga o piense (al menos lo que trascienda de esto último) en relación a su pretendida continuidad en el poder tomará rigor periodístico de título, más allá que él se empecine en mostrarse trabajando para el recambio.
Pero si en su descontrolada locura le faltaba algo era que Monseñor le espete en la cara su opinión (la de la Iglesia) respecto a los políticos que insisten en instalarse en el poder.
“Como aquellos hombres y mujeres que nos precedieron en la construcción de la Patria, afirmamos con profunda convicción que queremos ser Nación; que nos comprometemos avanzar continuamente en la búsqueda del bien común, en la reconciliación y la fraternidad, conforme los deseos que expresó el papa Francisco en su nota de felicitaciones al Sr. Presidente, con ocasión de esta festividad. Es necesario respetar y honrar los orígenes, no para quedarnos anclados en el pasado, sino para valorar el presente y construir el futuro. No se puede mirar hacia adelante sin tener en cuenta el camino recorrido y honrar lo bueno de la propia historia”, empezó diciendo el prelado.
Y apuntó que “respetamos el afianzado camino de las urnas; la definitiva opción por el sistema democrático, republicano y federal; la saludable alternancia en el poder; la conciencia lenta pero creciente de cuidar de los más débiles; y la irrenunciable elección de la no violencia como único camino hacia un futuro promisorio para todos”.
“La saludable alternancia en el poder”… dijo la frase que cayó hondo en el mercedeño, que buscó apoyo entre sus laderos, muchos de ellos hasta escondiendo la inoportuna sonrisa.